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BACHELET SALE DE NUEVO AL BAILE

La política chilena parece atrapada en un eterno déjà vu: cuando una figura del pasado pierde protagonismo internacional, algunos de los mismos dirigentes de siempre rápidamente intentan devolverla al escenario nacional. Y mientras tanto, la ciudadanía observa cada vez con mayor distancia.

Hay algo casi surrealista en la política chilena. Cuando uno pensaba que el ciclo estaba cerrado, Bachelet sale de nuevo al baile.

El reciente episodio de su candidatura internacional vuelve a poner a Michelle Bachelet en el centro de la discusión política chilena. Y, como suele ocurrir, comenzó inmediatamente el desfile de explicaciones, responsables y recriminaciones.

Primero fue la búsqueda del culpable de turno. Y, por supuesto, Kast apareció rápidamente en el banquillo de los acusados.

Pero ahora viene lo verdaderamente llamativo: mientras todavía se discute lo ocurrido, comienzan a aparecer nuevamente voces que pretenden instalar a Bachelet como eventual carta para una futura elección presidencial.

Es decir, la política chilena parece tener una curiosa capacidad para reciclar sus protagonistas.

¿No funcionó una candidatura internacional? No importa.

¿La ciudadanía quiere rostros nuevos? Tampoco importa demasiado.

¿Existe cansancio con las mismas figuras de siempre? Parece que menos.

Se organizan respaldos, se preparan actos de desagravio y nuevamente aparece el nombre de Bachelet en el tablero presidencial.

Bachelet sale de nuevo al baile.

Y mientras los dirigentes preparan el escenario, muchos ciudadanos probablemente se preguntan: ¿otra vez? Ese es precisamente el problema.

La distancia entre la clase política y el ciudadano común no se explica solamente por las diferencias ideológicas. También se alimenta de una sensación cada vez más extendida de que los partidos viven en un universo propio, donde los protagonistas cambian poco, las discusiones se repiten y las responsabilidades siempre parecen estar en el adversario.

Mientras tanto, la gente está preocupada de otras cosas. De la seguridad, de la salud, de las pensiones, el empleo, del costo de la vida, de  llegar a fin de mes.

Y mientras la ciudadanía enfrenta esos problemas, la política vuelve a discutir sobre Bachelet, Kast, las candidaturas, los desagravios y los mismos nombres de siempre.

No es extraño entonces que muchos ciudadanos se alejen.

Porque cuando la política se convierte en un permanente ejercicio de autorreferencia, deja de sorprender que las personas miren el espectáculo desde la vereda de enfrente.

Lo más curioso es que algunos dirigentes parecen no darse cuenta de que el problema no es solamente quién gana o pierde una elección.

El problema es que cada vez hay más ciudadanos que sienten que, gane quien gane, ellos siguen esperando que alguien se acuerde de sus problemas.

Y quizás por eso la escena resulta tan irónica.

Cuando parecía que Bachelet había terminado su recorrido presidencial, Bachelet sale de nuevo al baile. La música vuelve a sonar. Los dirigentes vuelven a bailar. Los partidos vuelven a discutir.

Y mientras tanto, el ciudadano común mira desde la puerta preguntándose:

¿Cuándo será nuestro turno?

OndaExpansiva.cl


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