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IMPRESENTABLE: CHILE MOROSO EMPUJA CANDIDATURA EN LA ONU

La eventual postulación de Michelle Bachelet a un alto cargo en la Organización de las Naciones Unidas no es solo improcedente: es una desfachatez diplomática.

Chile mantiene una deuda cercana a los 10 millones de dólares con la ONU. Esa no es una cifra menor, ni un tecnicismo contable, ni un detalle administrativo. Es un incumplimiento concreto, verificable y vergonzoso para un país que suele llenarse la boca hablando de multilateralismo, responsabilidad internacional y respeto por las instituciones globales.

En ese escenario, levantar la candidatura de una ex Presidenta como si nada ocurriera, como si la deuda no existiera, como si el país estuviera al día con sus obligaciones, es una señal de arrogancia política y de absoluto desprecio por las reglas mínimas de la convivencia internacional.

Porque esto no va de nombres propios, trayectorias pasadas ni currículums inflados. Va de algo mucho más básico: credibilidad. Ningún país serio promueve liderazgos en organismos internacionales mientras figura como moroso frente a la misma institución a la que pretende llegar con discursos de derechos humanos, gobernanza y cooperación global.

Lo impresentable no es solo la candidatura; lo impresentable es la naturalidad con que se intenta instalar, como si el prestigio personal pudiera tapar una deuda millonaria. Como si bastara con la historia política para que la ONU mire hacia otro lado y acepte que Chile no paga, pero sí exige espacios de poder.

Este tipo de maniobras refuerza la peor caricatura de la elite política chilena: una clase dirigente desconectada de la realidad, obsesionada con cargos internacionales, vitrinas y reconocimientos externos, mientras el país acumula compromisos impagos y enfrenta problemas urgentes puertas adentro.

Antes de pensar en candidaturas, Chile debería pagar lo que debe. Antes de aspirar a liderazgos globales, debería demostrar seriedad básica. Todo lo demás es maquillaje, soberbia y un riesgo innecesario de ridículo internacional.

Promover una postulación en estas condiciones no fortalece la imagen del país: la degrada. Y deja una pregunta incómoda flotando en el aire:

¿qué mensaje le entrega Chile al mundo cuando prefiere postular nombres antes que cumplir sus obligaciones?


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