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UNA COPA DAVIS PARA EL OLVIDO

La Copa Davis debería ser una fiesta. Una celebración del tenis, de sus jugadores, de sus hinchas y, sobre todo, de aquellos hombres y mujeres que durante décadas han construido la historia de este deporte en Chile.

Pero esta serie frente a España llega rodeada de una crisis dirigencial que ha convertido a la Federación de Tenis de Chile en escenario de una disputa de poder que parece estar muy lejos de las necesidades reales de los deportistas.

En medio de esta crisis, el Comité Olímpico de Chile asumió la administración y gestión de la Federación a petición del Instituto Nacional de Deportes, incluyendo la preparación de la serie de Copa Davis. Posteriormente, Juan Bugueño asumió de facto  la presidencia de la Federación tras una asamblea realizada en agosto y sobre la cual pesan sendos recursos judiciales por ser ilegal.

Para quienes cuestionan este proceso, la actual conducción aparece como una directiva de facto, surgida bajo la intervención del COCh y el IND.

Pero hay algo ocurrido durante esta Copa Davis que resulta todavía más simbólico.

EL DESAIRE AL CHINO RÍOS

Marcelo “Chino” Ríos, el primer número uno del mundo nacido en Chile, estuvo presente en la primera jornada de la Copa Davis. Y estuvo allí como un espectador más. No hubo, al menos públicamente, un reconocimiento especial. No hubo una ceremonia. No hubo un gesto institucional visible hacia quien probablemente sea el nombre más importante que ha producido el tenis chileno.

Y aquí resulta inevitable preguntarse: ¿Quién es el principal responsable de que Marcelo Ríos haya sido tratado prácticamente como un espectador cualquiera?

Para esta columna, la respuesta apunta directamente a Juan Bugueño, actual presidente de la Federación de Tenis de Chile.

Bugueño es hoy quien encabeza la institución y, por lo mismo, quien tiene la responsabilidad política y dirigencial de explicar cómo puede ocurrir que el mayor referente histórico del tenis chileno llegue a una Copa Davis disputada en nuestro país y termine sentado en las tribunas sin que exista un reconocimiento institucional acorde con su trayectoria.

Y esto adquiere todavía mayor relevancia considerando la conocida postura crítica que Marcelo Ríos ha expresado públicamente respecto de determinados dirigentes y de la conducción del tenis chileno.

¿Es casualidad? No lo sabemos.

¿Puede existir una explicación institucional? Por supuesto que sí.

Pero tampoco resulta descabellado que algunos interpreten este silencio como una forma de indiferencia hacia un ex número uno que nunca se ha caracterizado precisamente por guardar silencio frente a lo que considera malas prácticas o decisiones cuestionables dentro del tenis.

Ríos ha sido crítico con dirigentes y con la forma en que históricamente se ha manejado parte del tenis chileno. Esa postura pública es conocida y forma parte de su relación, muchas veces conflictiva, con la dirigencia deportiva.

Por eso, la pregunta queda instalada: ¿Fue simplemente una omisión o existe detrás de ella una decisión de no reconocer a quien ha cuestionado públicamente a los dirigentes?

La respuesta corresponde entregarla a quienes hoy conducen la Federación. Y particularmente a Juan Bugueño.

EL CHINO NO NECESITA FAVORES

Que quede claro: Marcelo Ríos no necesita privilegios, no necesita una entrada gratuita, no necesita un palco, no necesita que le regalen nada, necesita algo mucho más sencillo: respeto por su historia. Porque estamos hablando del hombre que llegó al número uno del mundo. Del tenista que hizo que Chile entero hablara de tenis. Del deportista que enfrentó a los mejores jugadores del planeta y que durante años llevó nuestra bandera a los principales escenarios internacionales.

Y mientras Ríos estaba sentado entre los asistentes, en la cancha se disputaba una Copa Davis que, paradójicamente, se jugaba también sobre la historia que él mismo ayudó a construir.

Resulta difícil entender que una Federación de Tenis no aproveche una instancia como esta para rendir homenaje a uno de sus mayores ídolos.

No se puede permitir  qué un ídolo como Marcelo Ríos este  presente en una Copa Davis en Chile y pasar prácticamente inadvertido para la dirigencia. Porque si la explicación es simplemente que fue un descuido, corresponde reconocerlo. Y si existió alguna razón institucional para no otorgarle un reconocimiento, corresponde explicarla. Lo que no corresponde es guardar silencio.


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