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¿SE LES ACABÓ EL CHISTE? MELÓN Y MELAME CON UNA ESPECTADORA DURMIENDO Y “EL FLACO” RECIBIENDO PIFIAS

Hay artistas que pasan a la historia por hacer reír. Y hay otros que, con el paso de los años, terminan viviendo de los recuerdos de cuando hacían reír.

Las Fiestas Patrias 2026 dejaron una pregunta incómoda para el humor chileno: ¿estamos frente al agotamiento de algunas fórmulas que durante años fueron exitosas?

Porque lo ocurrido con Melón y Melame y con Paul Vásquez, “El Flaco”, al menos merece una reflexión.

Mauricio Flores y Gigi Martin tienen una trayectoria indiscutible. Nadie puede borrar los años de éxito, los escenarios llenos y las carcajadas que alguna vez provocaron. Pero el problema aparece cuando una rutina comienza a parecerse más a una repetición que a una propuesta humorística. Y esta vez ocurrió algo que difícilmente podría haber sido mejor utilizado por un guionista: una espectadora terminó durmiéndose durante el espectáculo.

Las cámaras captaron a la mujer profundamente dormida durante la presentación en una fonda de Ñuñoa, imagen que posteriormente circuló en televisión y redes sociales. Los propios humoristas aprovecharon la situación para bromear con ella.

¿Fue porque la rutina era aburrida? Nadie puede afirmarlo seriamente. Una persona puede quedarse dormida por muchas razones. Pero como imagen televisiva fue brutal.

Un espectáculo de humor y una espectadora durmiendo. El problema, entonces, no es la señora. El problema es preguntarse si Melón y Melame siguen ofreciendo algo nuevo o simplemente siguen explotando una fórmula que alguna vez funcionó extraordinariamente bien. Porque repetir personajes, repetir recursos y repetir una estructura durante años puede transformar la nostalgia en rutina. Y cuando el público ya conoce de memoria el remate antes de que llegue, quizás el problema no es que el público haya perdido el sentido del humor. Quizás el humorista dejó de sorprender.

“EL FLACO” Y LAS PIFIAS

El caso de Paul Vásquez fue todavía más evidente. “El Flaco” llegó a La Pampilla de Coquimbo con el peso de una trayectoria que nadie discute. Dinamita Show fue uno de los grandes fenómenos del humor chileno y su personaje quedó instalado en la memoria de varias generaciones. Pero el pasado no garantiza el presente.

Durante su presentación en La Pampilla se registraron pifias y dificultades para conectar con parte del público, en una actuación que terminó generando más comentarios por la reacción de los asistentes que por los momentos de humor. Y aquí aparece una pregunta que Paul Vásquez debería hacerse como artista: ¿El público dejó de entender su humor o simplemente su humor dejó de conectarse con el público? Porque existe una diferencia enorme.

Un artista puede culpar al público, al ambiente, a la organización, al sonido, a la contingencia o a las redes sociales. Pero también puede mirar el escenario y preguntarse si llegó el momento de renovar la propuesta.

¿EL RETIRO QUE NUNCA FUE?

Y hay otro elemento que resulta imposible ignorar. Antes de su participación en el Festival del Huaso de Olmué, Paul Vásquez habló públicamente de un eventual retiro y de que esa presentación podía marcar el cierre de una etapa.

Incluso posteriormente reconoció que anunciar su retiro podía haber influido en la posibilidad de ser contratado para el festival. Finalmente, el retiro no ocurrió. Y “El Flaco” continuó arriba de los escenarios. Perfectamente legítimo.

Un artista tiene derecho a cambiar de opinión. Pero entonces aparece la ironía inevitable: si había “Flaco para rato”, como posteriormente sostuvo, el público también demostró que puede haber “pifias para rato”.

Y esa frase no pretende desconocer su trayectoria. Pretende poner sobre la mesa una realidad mucho más simple: ningún artista tiene asegurada la risa del público para siempre.

EL HUMOR NO ES UNA JUBILACIÓN

Chile tiene una larga tradición de grandes humoristas y precisamente por eso el estándar debería ser alto. El público no compra una entrada para escuchar la trayectoria del artista.

Compra una entrada para entretenerse. No se ríe porque el humorista tenga 20, 30 o 40 años de carrera. Se ríe si encuentra algo que le provoca risa. Y ahí está el verdadero desafío.

Renovarse, actualizarse, sorprender, leer al público, entender que lo que funcionaba hace 10, 20 o 30 años puede no provocar la misma reacción hoy. Porque hay una verdad incómoda que el mundo del espectáculo suele olvidar: la nostalgia vende, pero no siempre hace reír.

NO BASTA CON SER FAMOSO

Quizás llegó el momento de dejar de contratar humoristas solamente porque “son conocidos”.

Quizás hay que preguntarse qué tienen para ofrecer hoy. Porque tener nombre no significa necesariamente tener una rutina nueva. Tener historia no significa necesariamente tener actualidad. Y haber llenado teatros durante décadas no significa que el público de hoy tenga que reírse con los mismos chistes de ayer.

El escenario es el verdadero tribunal del humor y  el público es el jurado el que no siempre tiene razón, por supuesto. Pero si tiene derecho a reaccionar y esta vez  reaccionó.

A unos les dio sueño. A otros les dieron ganas de pifiar.


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