CAMBIO DE GABINETE: LÁGRIMAS, POLÉMICAS Y EL DESAFÍO DE RECUPERAR LA CONFIANZA EN EL MINISTERIO DEL DEPORTE

La salida de Natalia Duco estuvo marcada por la emoción y las lágrimas, pero también por las interrogantes que deja una gestión golpeada por una sucesión de episodios polémicos. La explicación entregada por la Subsecretaría respecto del uso del vehículo fiscal tampoco logró despejar las dudas. Ahora, Francisco Riveros asume el desafío de recuperar la confianza y devolverle al deporte el protagonismo que merece.
El cambio de gabinete realizado este viernes tuvo uno de sus momentos más emotivos en el Ministerio del Deporte. Natalia Duco no pudo contener las lágrimas durante la ceremonia en que se oficializó su salida del cargo, protagonizando una escena que reflejó la intensidad de un período particularmente complejo.
Más allá de las razones personales que puedan explicar la emoción de la exministra, resulta imposible desconocer que su salida se produce después de una serie de episodios que fueron deteriorando progresivamente la imagen de la cartera.
Duco llegó al Ministerio con expectativas importantes y con el desafío de conducir una agenda deportiva que requería liderazgo, presencia territorial y, especialmente, capacidad de diálogo con los distintos actores del deporte nacional. Sin embargo, con el paso de los meses comenzaron a acumularse situaciones que terminaron instalando una pregunta inevitable: ¿qué fue lo que finalmente terminó por hacer inviable su continuidad?
El episodio del vehículo fiscal
Uno de los hechos que más cuestionamientos generó fue la controversia relacionada con el uso de un vehículo fiscal.
La explicación entregada desde la Subsecretaría, en cuanto a que el desplazamiento correspondía a una “reunión de trabajo”, lejos de cerrar la discusión, dejó nuevas interrogantes.
Porque si efectivamente se trataba de una actividad oficial, cabe preguntarse por qué fue necesario que surgieran cuestionamientos públicos para conocer esa circunstancia. Y, más importante aún, ¿dónde se realizó esa supuesta reunión, con quiénes se efectuó, ¿cuál era su objetivo y qué antecedentes permiten acreditar que se trataba efectivamente de una actividad propia de las funciones ministeriales? No basta con calificar genéricamente un desplazamiento como una “reunión de trabajo”. Cuando se trata del uso de recursos públicos, las explicaciones deben ser suficientemente claras, precisas y verificables.
Y precisamente por tratarse de autoridades públicas, quienes ocupan cargos de responsabilidad deben comprender que la transparencia no puede limitarse a entregar una explicación cuando aparece una controversia. La transparencia exige anticiparse a las dudas y entregar todos los antecedentes que permitan despejarlas.
Las lágrimas de una ministra
Pero quizás la imagen que marcará este cambio de gabinete será otra. La de Natalia Duco llorando.
Hay algo profundamente humano en ver a una autoridad que, después de haber ocupado un cargo de tanta exposición, enfrenta el momento de dejarlo. Detrás de una ministra hay una persona, una historia, expectativas, ilusiones y también frustraciones.
Por eso, más allá de las críticas que puedan formularse respecto de su gestión, sería injusto desconocer la dimensión humana de la escena.
Sin embargo, las lágrimas también pueden ser interpretadas como el cierre de una etapa particularmente difícil.
Y en política, las emociones no borran las responsabilidades.
¿Fue la silbatina el último capítulo?
En las últimas semanas se sucedieron diversos episodios que fueron generando cuestionamientos a la conducción del Ministerio. A ello se sumó un hecho especialmente incómodo: la silbatina con que fue recibida Duco durante una de las jornadas del Mundial Juvenil de Voleibol. Aquella situación debió haber generado una profunda reflexión.
Una autoridad deportiva abucheada públicamente durante un evento internacional no es una imagen que pueda simplemente ignorarse. Y mucho menos cuando se produce en un escenario que debía ser una verdadera fiesta del deporte.
La pregunta que quedó instalada fue si aquella silbatina constituía simplemente un episodio aislado o si era la expresión visible de un malestar más profundo.
No existe confirmación oficial de que ese episodio haya sido determinante en la decisión de remover a la ministra. Pero resulta legítimo preguntarse si la suma de errores, controversias y desaciertos comunicacionales terminó haciendo insostenible su permanencia.
Con la llegada de Francisco Riveros al Ministerio del Deporte se abre una nueva oportunidad.
El nuevo ministro no solamente deberá administrar una cartera. Tendrá que recuperar confianzas.
Deberá escuchar a las federaciones, a los deportistas, a los dirigentes, a los entrenadores y a las organizaciones que diariamente sostienen el deporte chileno.
También tendrá que enfrentar problemas de gobernanza, mejorar la coordinación institucional y terminar con la sensación de que muchas veces las decisiones se toman alejadas de quienes viven diariamente la realidad deportiva.
El deporte chileno necesita una autoridad que comprenda que dirigir no significa solamente estar presente en las ceremonias o en las fotografías oficiales. Significa resolver problemas, escuchar, coordinar, fiscalizar y dar respuestas claras cuando existen cuestionamientos.
La salida de Natalia Duco deja una imagen difícil de olvidar: una ministra emocionada, derramando lágrimas en el momento de abandonar el cargo.
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