Opinión

“LA PELIGROSA ESTRATEGIA DEL ESCÁNDALO PERMANENTE”

La agresión sufrida por el diputado del PDG Javier Olivares durante una actividad en su distrito debe ser condenada de manera categórica. Ninguna diferencia política, por profunda que sea, puede terminar justificando golpes o ataques físicos. La democracia no puede convivir con la violencia como mecanismo de expresión.

Pero dicho eso, tampoco se puede ignorar el clima de rechazo y tensión que el propio parlamentario ha contribuido a instalar con sus constantes provocaciones públicas. Las apariciones de Olivares vistiendo una capa alusiva a Augusto Pinochet no solo han sido consideradas ofensivas por agrupaciones de derechos humanos y familiares de detenidos desaparecidos, sino que además han sido vistas por muchos como un intento burdo de llamar la atención a través de la polémica.

En distintos sectores políticos e incluso en redes sociales, el diputado ha sido duramente cuestionado y catalogado derechamente como un “payaso”, acusándolo de transformar la actividad parlamentaria en un espectáculo mediático permanente. Para sus críticos, más que representar seriamente a sus electores, Olivares pareciera buscar notoriedad mediante gestos estridentes y provocadores que banalizan uno de los periodos más dolorosos de la historia reciente de Chile.

Y es ahí donde surge el problema de fondo. En un país donde todavía existen familias buscando a sus desaparecidos, donde persisten causas judiciales por violaciones a los derechos humanos y donde el recuerdo de la dictadura sigue siendo una herida abierta, jugar con símbolos pinochetistas no puede interpretarse simplemente como una “opinión política”. Para miles de personas, se trata de una provocación directa y una falta de respeto inaceptable.

La política chilena atraviesa una crisis de credibilidad profunda, y personajes que convierten la provocación en estrategia comunicacional solo contribuyen a degradar aún más el debate público. La ciudadanía espera parlamentarios que legislen, fiscalicen y representen con altura, no figuras que parezcan más preocupadas de viralizarse en redes sociales que de ejercer seriamente el cargo para el cual fueron electos.

Nada justifica la violencia contra Javier Olivares. Pero tampoco puede sorprender que sus actos generen indignación, rechazo y hastío en amplios sectores de la sociedad. Cuando un representante público opta por la provocación constante, termina alimentando el mismo clima de confrontación del cual después busca victimizarse.

Tiliqui Herrera


Descubre más desde Onda Expansiva

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba

Descubre más desde Onda Expansiva

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo