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POR QUÉ TANTOS CHILENOS NO QUIEREN VER A ARGENTINA CAMPEÓN DEL MUNDO

Las redes sociales estallan cada cuatro años con la misma pregunta: ¿por qué tantos chilenos celebran cuando Argentina pierde? La respuesta no está en Lionel Messi, ni en Diego Maradona, ni siquiera en el fútbol; Está en la historia.

Una encuesta realizada por Onda Expansiva reveló que una mayoría de sus participantes no quiere que Argentina vuelva a levantar la Copa del Mundo. Para algunos comentaristas deportivos esto sería simplemente «envidia». Una explicación cómoda, superficial y políticamente correcta. Pero basta mirar un poco más atrás para comprender que el fenómeno tiene raíces mucho más profundas.

LOS PUEBLOS TIENEN MEMORIA Y CHILE TAMBIÉN.

Durante décadas, una parte importante de los chilenos ha construido su percepción sobre Argentina a partir de episodios históricos que marcaron la relación bilateral. Entre ellos, la consolidación del territorio argentino en la Patagonia mientras Chile enfrentaba la Guerra del Pacífico, un proceso cuya interpretación sigue siendo materia de debate historiográfico, pero que para muchos chilenos simboliza un momento en que el país debió concentrar sus fuerzas en el norte mientras perdía capacidad de negociación en el extremo sur.

A esa memoria se suma la muerte del teniente Hernán Merino Correa en Laguna del Desierto en 1965, convertida en un símbolo nacional para varias generaciones de chilenos.

Y COMO SI AQUELLO NO BASTARA, LLEGÓ 1978.

La crisis del Beagle llevó a ambos países al borde de una guerra por la soberanía de las islas Picton, Nueva y Lennox. Miles de soldados fueron movilizados. Familias completas vivieron semanas de incertidumbre. Solo la mediación del Vaticano evitó que dos naciones hermanas terminaran enfrentándose en un conflicto armado. Quienes hoy tienen más de cincuenta años no olvidan esa tensión.

LA HISTORIA NO DESAPARECE PORQUE PASEN LAS DÉCADAS.

Por eso resulta ingenuo creer que el fútbol puede jugarse aislado de la memoria colectiva. Los mundiales no solo despiertan pasión deportiva; también reactivan símbolos, emociones e identidades nacionales que permanecen dormidas hasta que vuelve a sonar un himno o a rodar una pelota. Esto no significa que exista un rechazo hacia el pueblo argentino. Sería una conclusión injusta y equivocada.

Chile y Argentina mantienen hoy una relación diplomática sólida, comparten una de las fronteras más extensas del planeta y desarrollan una cooperación permanente en múltiples ámbitos. Millones de personas cruzan la cordillera cada año por turismo, comercio o vínculos familiares.

Pero una buena relación entre Estados no borra automáticamente las huellas que dejaron ciertos episodios en la memoria de sus ciudadanos.

Quizás el mayor error de algunos analistas sea intentar explicar todo desde el presente, ignorando que las naciones también sienten, recuerdan y transmiten relatos de generación en generación. La encuesta de Onda Expansiva probablemente no mide odio. Mide memoria.

Y la memoria no siempre vota con la cabeza. Muchas veces vota con las emociones.

Mientras algunos se sorprenden porque miles de chilenos prefieren ver campeón a cualquier otro país antes que Argentina, quizá la pregunta correcta no sea por qué ocurre, sino por qué todavía hay quienes creen que la historia no influye en el deporte. Porque el fútbol jamás ha sido solo fútbol, es identidad, es orgullo, es historia y  muchas veces, es la forma en que una nación expresa aquello que nunca terminó de olvidar.


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