
Boric quiso convertir a Bachelet en una candidatura de Estado
La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas parece acercarse al fracaso y, como suele ocurrir en política, ya comenzó la búsqueda del culpable.
Para algunos, será el Presidente José Antonio Kast por retirar el respaldo de Chile. Otros, como el senador Moreira, apuntan contra Brasil y México por mantener su apoyo. Y muchos responsabilizan al expresidente Gabriel Boric por haber impulsado la candidatura cuando ya se aproximaba el cambio de gobierno.
Pero existe una pregunta mucho más incómoda que nadie parece querer formular:
¿Cuáles son realmente los méritos de Michelle Bachelet para ocupar el cargo más importante de Naciones Unidas?
Haber sido dos veces Presidenta de Chile y contar con reconocimiento internacional no necesariamente significa tener las capacidades y resultados para dirigir una organización de la magnitud de Naciones Unidas. Su paso como Alta Comisionada de Derechos Humanos tampoco estuvo libre de cuestionamientos y críticas respecto de la actuación de su oficina frente a distintas crisis internacionales.
Y aquí resulta inevitable recordar un episodio que contribuyó decisivamente a construir su imagen política.

En 2002, cuando era ministra de Defensa, Bachelet apareció sobre un tanque del Ejército durante las inundaciones provocadas por un temporal en Santiago. La fotografía recorrió el país y proyectó una poderosa imagen de autoridad, liderazgo y cercanía.
Aquella imagen terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de su posterior construcción como figura presidencial.
Pero una fotografía puede construir una imagen de liderazgo; no necesariamente demuestra que ese liderazgo exista.
Ese es precisamente el punto que hoy debiera discutirse. ¿Cuánto de la trayectoria de Bachelet corresponde a resultados concretos y cuánto a una imagen política extraordinariamente bien construida?
La responsabilidad de Gabriel Boric también merece ser examinada. Fue su gobierno el que impulsó la candidatura y comprometió a Chile en una carrera cuyo desenlace ocurriría bajo la administración siguiente. Si realmente se trataba de una candidatura de Estado, ¿por qué no se construyó previamente un consenso transversal que garantizara su continuidad?
Kast puede ser criticado por retirar el respaldo, pero resulta demasiado cómodo atribuirle todo el eventual fracaso. Brasil y México continúan apoyando a Bachelet y una candidatura sólida a la Secretaría General de la ONU debería ser capaz de reunir un respaldo internacional mucho mayor.
Por eso, antes de preguntar “¿quién es el culpable?”, deberíamos formular una pregunta bastante más incómoda:
¿Era realmente Michelle Bachelet la candidata que Naciones Unidas necesitaba, o simplemente la candidata que Gabriel Boric quiso instalar antes de dejar el poder?
Quizás el problema no sea Kast, Boric, Brasil ni México.
Quizás el verdadero error fue convertir una figura política construida durante años en una candidatura internacional, sin haber demostrado previamente que existían méritos suficientes para ocupar el cargo. Porque en política las imágenes pueden ganar elecciones.
En Naciones Unidas, en cambio, las imágenes no bastan. Se necesitan resultados, liderazgo y respaldo internacional.
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