LA OCASIÓN HACE AL LADRÓN

LA IRONÍA DE LA POLÍTICA SIN EXPERIENCIA NI ÉTICA
La frase «La ocasión hace al ladrón» sigue siendo una advertencia tan vigente como necesaria hoy en nuestro país. Ella nos recuerda que no siempre las malas acciones responden a la maldad intrínseca de una persona, sino que también pueden ser consecuencia de oportunidades o circunstancias favorables que incitan a cometer actos indebidos que antes no se consideraban. Esta reflexión cobra un tono irónico y preocupante cuando observamos la realidad de ciertos candidatos a diputados, muchos sin experiencia política y conocidos más por su paso en la farándula que por méritos reales, usados por partidos para asegurar votos y mantenerse en el financiamiento estatal. No estamos afirmando que todos estos nuevos rostros estén encasillados en esta popular frase.
En este escenario, la desconfianza ciudadana hacia la clase política legitima el escepticismo que genera la aparición de personajes que, sin un historial claro ni compromiso demostrado, compiten por acceder al poder. Y la ironía se vuelve amarga al constatar que esa «ocasión» política no solo abre puertas, sino también desencadena procesos judiciales por corrupción y fraude, como los que enfrentan actualmente diputados como Catalina Pérez, Miguel Ángel Calisto y Joaquín Lavín León.

Catalina Pérez fue desaforada tras la confirmación unánime de la Corte Suprema en 2025, en medio de un caso emblemático de convenios irregulares que involucraron malversación de fondos públicos. A pesar de quedar suspendida de sus funciones, Pérez mantiene su dieta parlamentaria en un limbo ético inadmisible para cualquiera que confíe en la política como instrumento de la transparencia y el servicio público.
Miguel Ángel Calisto, candidato a senador por una región del Sur del país, está siendo investigación por fraude al fisco. Según la Fiscalía y el Consejo de Defensa del Estado, habría participado en una red de contratos sin respaldo real de servicios, destinando fondos públicos a campañas políticas y gastos personales. La Corte Suprema, en una decisión dividida, confirmó su desafuero, lo que permitirá avanzar con cargos formales, mientras Calisto insiste en su candidatura al Senado, evidenciando un cinismo inadmisible ante la justicia y la opinión pública.
Joaquín Lavín León, asociado a un linaje político pero cuestionado por falta de méritos propios, también enfrenta proceso de desafuero por presuntos delitos de tráfico de influencias y fraude al fisco, sumando otro capítulo a la ya extensa lista de casos que alimentan la desconfianza ciudadana hacia sus representantes.

A estas situaciones se suman los escándalos relacionados con fundaciones que recibieron fondos millonarios del Estado, muchas de ellas con vínculos políticos, que aportan al sentimiento de que la política es terreno fértil para la corrupción. Todo esto no es más que la materialización de la máxima «la ocasión hace al ladrón»: cuando el sistema abre tantas oportunidades mal reguladas, no sorprende que muchos se vean tentados a aprovecharlas.
Por ello, la invitación a la reflexión resulta imperiosa: no basta con señalar a las personas, sino que urge reformar las estructuras políticas y electorales que permiten que quienes carecen de preparación y ética accedan al poder. La ciudadanía merece algo mejor que figuras electas solo por la ocasión, figuras que terminan pintando a la política como un negocio de oportunistas y no como un servicio público honesto. Que la ocasión no siga haciendo ladrones ni impunidades en el Congreso.
Este artículo busca hacer patente la ironía y la alerta en torno a un fenómeno preocupante que erosiona la confianza y pone en entredicho el verdadero sentido del ejercicio político en Chile.
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