
Parece que la trompeta del chacal no solo tocó, sino que hizo un eco tremendo en esta elección, especialmente para esos candidatos faranduleros que confiaban en que su fama de pantalla sería el pasaporte automático al Congreso. Pero no, queridos exponentes del “yo soy famoso, luego existo” político — rostros como Juan Carlos “Pollo” Valdivia, Felipe Ríos, Li Fridman, Pablo Herrera, Marlen Olivarí, Gonzalo Egas, Juan Pablo Sáez , Sandra Solimano, la Tia Picachu— el pueblo les habló claro con un rotundo “¡y fuera, y fuera!”.
Ya quedó más que demostrado que la popularidad y los likes en redes sociales no pagan las cuentas ni solucionan los problemas reales del país. A ninguno de ustedes les bastó el carisma de la alfombra roja ni el brillo de los focos para convencer a los votantes de que merecen manejar los destinos de todos. Más que candidatos, parecían parte de un reality show sin guion ni argumento.
La gente, finalmente, ejerció esa saludable dosis de sentido común que muchos parecían subestimar. No basta con aparecer en un programa de televisión para venderse como políticos serios. Les quedó claro que para ser diputado se necesita algo más que selfies y escándalos: se requiere preparación, compromiso y respeto por la función pública.
Así que, queridos faranduleros frustrados — incluyendo también a Carolina Julio, Patricio Laguna, Jorge peineta Garces, Aldo Duque, la doctora Carolina Herrera y tantos mas— escuchen bien la melodía que el chacal manda: “¡y fuera, y fuera!”, porque la farándula, en política, solo sirve para hacer risas, no leyes. Y parece que el electorado ya aprendió la lección… al menos por ahora.

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