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NABILA RIFO: EL FRACASO MORAL DE UN GOBIERNO SIN EMPATÍA

Las burdas explicaciones entregadas por distintos voceros del Gobierno ante el nuevo calvario que enfrenta Nabila Rifo son una afrenta a la inteligencia y a la sensibilidad de todo un país. Intentar justificar el abandono de una víctima emblemática de la violencia machista apelando a tecnicismos legales es, sencillamente, inaceptable. No hay argumento jurídico que justifique la indolencia política.

Decir que “la Ley solo obliga a acompañar a la víctima hasta la sentencia ejecutoriada” no es una explicación: es una confesión de incompetencia. Es el reflejo de un Estado que se lava las manos, que ampara su falta de acción tras el frío formalismo de una norma, y que demuestra —una vez más— que la protección de las mujeres no es una prioridad, sino un eslogan de campaña.

Resulta obsceno ver cómo quienes prometieron un gobierno comprometido con los derechos de las mujeres hoy se esconden detrás de frases hechas y comunicados vacíos. ¿De verdad esperan que el país crea que nada podían hacer? Si el Estado no es capaz de reaccionar ante un caso tan brutal y conocido como el de Nabila Rifo, ¿Qué pueden esperar miles de mujeres anónimas que viven bajo el mismo miedo todos los días?

El malestar ciudadano es legítimo, y la indignación crece con razón. Porque no se trata solo de negligencia, sino de un fracaso moral. El Estado volvió a darle la espalda a una víctima, y lo hizo con una frialdad que duele. Las autoridades parecen más preocupadas de proteger su imagen que de proteger vidas.

No hay discurso que repare este daño. No hay ministerio que pueda seguir hablando de “perspectiva de género” cuando permite que un agresor condenado recupere su libertad sin garantizar un mínimo de seguridad a su víctima. La falta de liderazgo, la ausencia de empatía y la cobardía política han quedado expuestas con una crudeza imposible de disimular.

Chile no necesita más mesas de trabajo ni declaraciones de buenas intenciones. Necesita autoridades que asuman la responsabilidad de haber fallado otra vez. Porque cuando el Estado abandona a Nabila Rifo, abandona a todas las mujeres.

Y CUANDO UN GOBIERNO JUSTIFICA EL ABANDONO, LO QUE HACE NO ES GOBERNAR: ES TRAICIONAR.


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