
El clásico universitario entre Universidad Católica y Universidad de Chile ya genera expectación por la histórica rivalidad, el presente de ambos equipos y la tensión propia de uno de los partidos más tradicionales del fútbol chileno. Sin embargo, esta vez la previa sumó un ingrediente difícil de imaginar.
El árbitro designado para dirigir el encuentro es Diego Flores, cabo segundo de Gendarmería de Chile, quien cumple funciones en el Centro Penitenciario Femenino de San Miguel, recinto donde estuvo recluida la exalcaldesa Cathy Barriga, una de las figuras más mediáticas de la política chilena en el último tiempo.
Así, Flores pasará de custodiar uno de los nombres más comentados de la crónica nacional a impartir justicia en otro escenario igualmente intenso: una cancha llena de reclamos, protestas, simulaciones, gritos al oído y permanentes pedidos de clemencia por parte de los protagonistas.
La coincidencia no tardó en encender comentarios entre los hinchas, quienes ironizan con que el juez llega con experiencia previa en manejo de situaciones complejas, personalidades difíciles y ambientes de alta presión.
Si en San Miguel debía mantener el orden tras los muros, ahora tendrá la misión de hacerlo entre 22 jugadores, dos bancas inquietas y miles de fanáticos pendientes de cada cobro. Cambia el uniforme, cambia el escenario, pero no la exigencia.
Porque si algo queda claro en la previa de este clásico, es que Diego Flores sabe perfectamente lo que significa lidiar con jornadas agitadas.

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