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“EL QUE EXPLICA SE COMPLICA”

Hay frases que resumen mejor que mil discursos lo que ocurre cuando el poder intenta justificarse. “El que explica se complica” es una de ellas. Y hoy esa frase cae como una bofetada frente a las explicaciones entregadas por la ministra de Salud para intentar minimizar el escándalo por la atención exprés que recibió su madre en el Hospital El Salvador.

Porque no estamos hablando de un simple malentendido. Estamos hablando de privilegios. De los mismos privilegios que millones de chilenos jamás conocerán, aunque sufran, aunque esperen, aunque se deterioren en listas interminables.

En su punto de prensa, la ministra cometió el error que siempre cometen quienes saben que algo huele mal: habló de más. Dijo que llegó al hospital cerca de las 15:30 y que, al hacerlo, la estaba esperando la subdirectora del recinto. No un administrativo. No un paramédico. No un funcionario cualquiera. La subdirectora del hospital.

¿Desde cuándo un alto cargo de un hospital público se instala a esperar a los familiares de los pacientes?

¿A qué chileno común y corriente lo recibe la subdirección cuando entra a urgencias con su madre enferma? A nadie.

A los miles que pasan noches enteras en sillas duras, mirando el techo de un hospital colapsado, no los espera nadie. A los adultos mayores que llevan meses aguardando una cirugía de cadera, como la que necesitaba la madre de la ministra, no los recibe ninguna autoridad. A ellos los espera el dolor, la postergación, el deterioro físico y la humillación de saberse invisibles para el sistema.

Pero cuando el apellido es correcto y el cargo es poderoso, el hospital sí se organiza, sí se prepara, sí se pone de pie.

Eso es lo que la ministra dejó al descubierto sin querer. No necesitó decir que hubo trato preferencial. Bastó con admitir que la subdirectora estaba allí esperándola. Eso no ocurre por casualidad. Eso ocurre cuando alguien llamó antes, cuando alguien dio la orden, cuando alguien movió los hilos.

Y esa es la verdadera rabia que recorre hoy a Chile.

Porque mientras una autoridad es recibida por la cúpula del hospital, miles de personas siguen esperando en silencio, con dolores que no salen en la prensa, con fracturas que no tienen punto de prensa, con enfermedades que no importan porque no tienen poder.

La ministra podrá seguir explicando. Podrá dar entrevistas, comunicados y justificaciones técnicas, ero la frase ya la condenó: cuando tuvo que explicar, quedó claro que se había complicado.

Y con ello, dejó expuesta una verdad que indigna y duele: en la salud pública chilena, no todos esperan lo mismo


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