ÁLVARO GARCÍA MINISTRO DE ECONOMIA ¿OLVIDO O DESPRECIO POR LA TRANSPARENCIA?

El nombramiento del Ministro de Economía Álvaro García, quien fue procesado en 2003 como cómplice en el sonado caso Inverlink por el delito de estafa, resulta verdaderamente increíble y preocupante. En un contexto donde la ciudadanía pierde cada día más confianza en la gestión pública debido a múltiples casos de corrupción denunciados, la designación de una persona con antecedentes tan cuestionables genera un fuerte rechazo y pone en duda el compromiso del gobierno con la transparencia y la ética. Esta situación no solo daña la imagen institucional, sino que también profundiza el distanciamiento entre el Estado y la sociedad que exige responsabilidad y probidad en sus autoridades.
MEMORIA FRAGIL
Luego de sus períodos en el gobierno, García se introdujo en el ámbito privado y ejerció como presidente de la aseguradora Le Mans, empresa del grupo financiero Inverlink. Fue en ese período que Álvaro García se vio envuelto en el Caso Inverlink (2003), un escándalo financiero que implicó fraude a CORFO y al Banco Central de Chile. Aunque García no participó en las operaciones irregulares y fue absuelto de toda culpa tras el proceso judicial, en agosto de 2004 fue nombrado embajador de Chile en Suecia.

Sin embargo, pese a su absolución, su nombramiento como Ministro de Economía hoy genera una profunda desconfianza. Esto es aún más grave en un país donde la memoria colectiva sobre estos graves hechos suele ser frágil, y la ciudadanía reclama autoridades intachables capaces de recuperar la credibilidad en la gestión pública. La designación de García contradice ese legítimo anhelo, alimentando la incertidumbre y el escepticismo respecto del verdadero compromiso gubernamental con la transparencia y la ética.
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